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domingo, 23 de enero de 2011

No es mansa la esperanza.



Tengo una porfiada costumbre por revestir las sombras de verde y esperar en la tormenta los rasos destellos de luz posteriores.

Un afán por no languidecer, por lamer las derrotas hasta hallarles algún sabor dulce.

Tengo una manía por creer todavía, esperar todavía. Esperar hasta cuando desespero.

Amarrar mis deseos al cordón de un globo que sólo sabe ascender. Amarrarme a la esperanza. La irremediable esperanza.

La tomo y me deja, y vuelvo tras ella.

"La esperanza tan dulce,
tan pulida, tan triste,
la promesa tan leve,
no me sirve.
No me sirve tan mansa la esperanza."*

Pero ese terso lazo que me tiene asida a la esperanza no lo creo yo tan manso.

No es mansa la esperanza.

Pesa con su falta de certeza.

Duele porque quiere, llora porque añora, se entrega porque es ciega y porque es ciega la verdad siempre niega cuanto menos la ignora.

La esperanza.

Quizá debiéramos reconocer también que ese hálito y refulgencia que representa también se sostiene. Paciente e irremediablemente.

En mi caso, más irremediablemente que cualquier otra cosa.





*Mario Benedetti- "Me sirve, no me sirve"

domingo, 16 de enero de 2011

Oda a Pachamama.


Madre,
me reservo en tu voz
tus torrentes,
tus mantos y tus sombras.
Impetuosa
cruel
y frágil Gaia.
Ánima móvil,
tan repartida
tan de nadie
en colores que nadan
luces que caminan
texturas que brotan,
en tus ojos
en mi vida
en tu ciencia
tu poesía
tu elocuencia
tu misterio
en la nada.
Madre,
¿qué escribe tu viento?
¿qué gritan tus olas?
¿qué esconden tus surcos,
tus valles,
tu silencio?
Promete tanto
la luminiscencia
promete tanto
una aurora boreal
promete.
cada huella irrepetible y sola,
cada copo de nieve,
promete en la esperanza,
de ese verde que deshojas
desvelar
como alborada,
una fe y verdad creadoras
ese par que nunca vemos,
porque estamos ciegos,
aunque vivos
en tu vientre.