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miércoles, 11 de marzo de 2020

De Paris a Lille.






Ayer llegué a Lille.  Estaba exhausta. Creo que dormí un total de diecisiete horas, aunque no fueron seguidas porque como a las dos de la mañana tuve una suerte de pesadilla mezclada con viaje astral. No estoy segura.

Soñé que una bruja me estaba ahorcando. Sentía una fuerza muy poderosa que me empujaba hacia abajo, con sus dos manos alrededor de mi cuello. 

A pesar de la angustia, algo me decía que la podía vencer, así que lo intenté. Al principio gritaba con todas mis fuerzas: "Help! help!" pero, como sucede en todas mis pesadillas, sólo lanzaba gritos ahogados que apenas yo misma podía escuchar. 

Entre tanta confusión, a ratos dudaba si estaba dormida o despierta. Luego me daba cuenta de que estaba soñando y recordaba que tenía que pelear contra aquello que estaba sometiéndome. Era una mujer, eso lo sé, una bruja o algo así.  En un momento de lucidez llegué a pensar, "¿A dónde vine? ¿Acaso está embrujado este lugar?"

De repente, mi espíritu se desprendió de mi cuerpo y voló hacia la recámara de enfrente que estaba iluminada como si en vez de ventanas hubiera vitrales de iglesia. Descansaban ahí dos gatos, la pequeña Pomme y otro minino que no reconocía. Yo sonreía al verlos, mientras mi espíritu flotaba y recorría el lugar. Como nadie en ese lugar podía ayudarme, regresaba a mi cama.

Ahora la bruja tenía mi pie derecho. Lo sujetaba con fuerza. Yo jamás veía su rostro, sólo sentía su peso sobre mí. Peleaba para que me soltara. Me quejaba. "Ya casi, ya casi despierto y se va esta bruja", pensé. Y así fue. Desperté por fin. 

Me sentía cansada y confundida pero a la vez libre y a salvo. Vaya sueño. Acababa de tener una pesadilla. No pude dormir la siguiente hora pero estaba contenta de haber vencido a la bruja.

Así llegué a Lille. Hasta en sueños fortalecida.