
El nuevo milenio fue una atractiva promesa del porvenir. La expectativa futurista nos llenaba de emoción porque imprimió una esperanza en el cambio. ¿Qué podemos decir a once años de haber llegado el futuro?
Este es mi rezo al futuro desde el pasado.
"Oh, año dos mil. En tus manos enconmendamos el futuro.
Te encomendamos la música para que la plastifiques.
Encomendamos el sexo para que lo desvirtúes, lo vuelvas insaboro, lo vendas en cada esquina y lo emplees como motor de bestias.
Te encomendamos la violencia no para que la mitigues sino para que nos acostumbres a ella.
Año dos mil. En tus manos encomendamos un futuro que retrocede.
Bríndanos hoy tu tecnología y tus alcances incontrolables donde cualquier nimiedad es popular y es noticia.
Bríndanos jóvenes obsesionados consigo mismos y cuya sola aportación al mundo es un tweet o en el mejor de los casos, una tesis.
Bríndanos artistas con más sueños de grandeur que arte.
Danos más diversidad social no para que exista más aceptación sino para que tengamos más blancos para el rechazo.
Año dos mil, no nos desampares de tu progreso.
Líbranos de toda sensibilidad y llénanos de sarcasmo.
Acércanos cada vez más a un espejo donde sólo se reflejen robots conformes y más que conformes, indiferentes.
Danos más empatía con una máquina que con un ser humano y hágase tu voluntad, si tu voluntad implica en gran medida el detrimento".
Amén.
El futuro ya está aquí.