Bastante convulso, he de admitir. Aunque todavía le quedan algunos meses no tengo ninguna urgencia especial porque se termine. En realidad me da igual, porque aquello de que la vida se renueva cada 365 días es una referencia que, si bien precisamos, es imaginaria.
En fin, haciendo uso de dicha referencia imaginaria diré que aproximadamente cada tres meses la vida me tronó los dedos y cambió el ritmo de la canción. Otras veces yo cambié la pista, desde luego, pero en general este fue un año bastante particular y agitado.
Comenzamos en marzo con la muerte de Lancelot. Esa fue mi primera experiencia con el fallecimiento de un ser amado (muy amado), y creo que con todo lo que eso conlleva lo hice bastante bien. Siempre voy a admirar las tremendas agallas con las que me levanté, y ante su diagnóstico terminal y el sufrimiento que nos provocaba verlo mal a mi madre y a mí, decidí que era mejor que lo durmieran. Saqué la fuerza del amor que le tuve y siempre le tendré. Agradezco desde luego a mi mamá, a mis muchos amigos y en particular a mis amigas aire (Acuario, Géminis y Libra) que estuvieron ahí para apoyarme y contenerme.
En mayo me fui a Cuba. Pocos días antes adopté a Loki. Hay una escena en mi cabeza muy bonita de un tour que tomé por el Malecón, arriba del autobús, el viento en mi cara y el mar a mi derecha, muy feliz. Estuvo loquísimo irme sola y sin conocer a nadie. Estuvo genial festejar mi cumpleaños allá con una fiesta que no era para mí sino por el Día de las Madres (todo mundo me decía "felicidades", comiquísimo) pero que muy gentilmente mis nuevas amigas volvieron un festejo doble. Hace algunos años soñé con hacer este viaje. Fueron cuatro días maravillosos pero también muy tristes. La situación en Cuba me dejó una marca en el corazón que aún hoy sigo procesando.
Cuando regresé comencé a disfrutar a Loki que aún era un bebé, y aunque al inicio no nos entendimos y me costó mucho trabajo adaptarme a mi nuevo amigo, hoy somos inseparables.
En julio me confronté con una parte de mí que no me gustó. Aquella de los impulsos sagitarianos y del fuego que llevo en mi carta astral. Sale cuando me expreso por expresarme y nada más. Luego de mucho pensar y de sentirme muy mal conmigo misma, concluí que la razón no es un enemigo de la pasión y que, por el contrario, es una buena cómplice. Más cabeza y reflexión y dejar que las cosas fluyan. Es decir...más aire. Esa fue una lección muy dura.
En fin, en agosto me despidieron de Novartis. Mis esfuerzos por recuperar la estabilidad en mi trabajo no resistieron la prueba. Llevaba semanas enfermándome por el estrés y durmiendo mal, y finalmente rompimos esa relación entre el espíritu creativo atrapado por un buen sueldo, y los jefes que me aprecian pero a los que no les sirvo. Todo el resto del mes fue increíble, disfruté mi liquidación, la libertad, todo eso que uno experimenta cuando tiene dinero y no tiene que trabajar.
En septiembre me metí a un curso para ser maestra de inglés. Fue muy entretenido, dinámico e interesante. Por fin me llamaron de escuelas donde antes no me llamaban, aunque me pareció muy mal negocio tener dos trabajos para estar pagando un tercio de mi salario solamente en renta y decidí vender mis muebles, dejar mi depa e irme con Loki a Aguascalientes a probar suerte.
Dejo recuerdos muy hermosos en ese departamento. Disfruté mucho tener mi espacio, mi libertad, mi intimidad. Poder invitar a quien yo quisiera, andar a mis anchas. Sin embargo, tengo muchos otros proyectos en mente y las condiciones laborales que me proponían allá no me iban a funcionar, así que ahora estoy aquí, en mi nueva vida temporal.
Ya es el ocaso del 2019 y la energía anda medio retrógrada, en general no es mi época favorita y me siento un poco estancada.
Nos quedan noviembre y diciembre y pues nada, que la vida sigue. ¿Y qué sigue? No lo sé, aunque ya veremos si lo que me dijeron es verdad.
En fin, haciendo uso de dicha referencia imaginaria diré que aproximadamente cada tres meses la vida me tronó los dedos y cambió el ritmo de la canción. Otras veces yo cambié la pista, desde luego, pero en general este fue un año bastante particular y agitado.
Comenzamos en marzo con la muerte de Lancelot. Esa fue mi primera experiencia con el fallecimiento de un ser amado (muy amado), y creo que con todo lo que eso conlleva lo hice bastante bien. Siempre voy a admirar las tremendas agallas con las que me levanté, y ante su diagnóstico terminal y el sufrimiento que nos provocaba verlo mal a mi madre y a mí, decidí que era mejor que lo durmieran. Saqué la fuerza del amor que le tuve y siempre le tendré. Agradezco desde luego a mi mamá, a mis muchos amigos y en particular a mis amigas aire (Acuario, Géminis y Libra) que estuvieron ahí para apoyarme y contenerme.
En mayo me fui a Cuba. Pocos días antes adopté a Loki. Hay una escena en mi cabeza muy bonita de un tour que tomé por el Malecón, arriba del autobús, el viento en mi cara y el mar a mi derecha, muy feliz. Estuvo loquísimo irme sola y sin conocer a nadie. Estuvo genial festejar mi cumpleaños allá con una fiesta que no era para mí sino por el Día de las Madres (todo mundo me decía "felicidades", comiquísimo) pero que muy gentilmente mis nuevas amigas volvieron un festejo doble. Hace algunos años soñé con hacer este viaje. Fueron cuatro días maravillosos pero también muy tristes. La situación en Cuba me dejó una marca en el corazón que aún hoy sigo procesando.
Cuando regresé comencé a disfrutar a Loki que aún era un bebé, y aunque al inicio no nos entendimos y me costó mucho trabajo adaptarme a mi nuevo amigo, hoy somos inseparables.
En julio me confronté con una parte de mí que no me gustó. Aquella de los impulsos sagitarianos y del fuego que llevo en mi carta astral. Sale cuando me expreso por expresarme y nada más. Luego de mucho pensar y de sentirme muy mal conmigo misma, concluí que la razón no es un enemigo de la pasión y que, por el contrario, es una buena cómplice. Más cabeza y reflexión y dejar que las cosas fluyan. Es decir...más aire. Esa fue una lección muy dura.
En fin, en agosto me despidieron de Novartis. Mis esfuerzos por recuperar la estabilidad en mi trabajo no resistieron la prueba. Llevaba semanas enfermándome por el estrés y durmiendo mal, y finalmente rompimos esa relación entre el espíritu creativo atrapado por un buen sueldo, y los jefes que me aprecian pero a los que no les sirvo. Todo el resto del mes fue increíble, disfruté mi liquidación, la libertad, todo eso que uno experimenta cuando tiene dinero y no tiene que trabajar.
En septiembre me metí a un curso para ser maestra de inglés. Fue muy entretenido, dinámico e interesante. Por fin me llamaron de escuelas donde antes no me llamaban, aunque me pareció muy mal negocio tener dos trabajos para estar pagando un tercio de mi salario solamente en renta y decidí vender mis muebles, dejar mi depa e irme con Loki a Aguascalientes a probar suerte.
Dejo recuerdos muy hermosos en ese departamento. Disfruté mucho tener mi espacio, mi libertad, mi intimidad. Poder invitar a quien yo quisiera, andar a mis anchas. Sin embargo, tengo muchos otros proyectos en mente y las condiciones laborales que me proponían allá no me iban a funcionar, así que ahora estoy aquí, en mi nueva vida temporal.
Ya es el ocaso del 2019 y la energía anda medio retrógrada, en general no es mi época favorita y me siento un poco estancada.
Nos quedan noviembre y diciembre y pues nada, que la vida sigue. ¿Y qué sigue? No lo sé, aunque ya veremos si lo que me dijeron es verdad.
