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miércoles, 10 de noviembre de 2010

El ánimo y el ánima.



Hace unos meses, el color de las gafas de mi cosmovisión dependía de mi química cerebral: esa voluble.
El gris predominaba en las noticias buenas, y las noticias malas, parecían más bien una secuencia de caída libre, donde en cada cuadro previo al impacto latía angustiado el corazón tres veces por segundo.
La contemplación del panorama era de un gris como el papel de un periódico, como el concreto, como la ceniza del tabaco. Gris es ni sí ni no, cuando no hay sol pero tampoco llueve, gris es el punto muerto con el que se anda por la vida.
Y luego todo fue descendiendo, lento y con la cadencia con la que se agita en el aire una pluma, descendiendo hasta llegar a la tierra donde todo es verde y limpio. Sobre una cama de sándalo me encontré de vuelta.

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