martes, 22 de mayo de 2012
Reflexiones sobre la muerte.
- Cuesta creer que envolviendo un alma sólo se encuentran tejidos, estructuras óseas, células que van oxidándose y un organismo cuyos amaneceres representan pasos hacia la extinción. Eludimos no el recuerdo sino la imagen de nuestra condición caduca, y tal vez no lo hacemos por razones egocéntricas, o quizás sí. Yo qué sé por qué lo hacemos.
Difícil es entender que un ser magnánimo termina vuelto polvo; como mirarse las manos y pensar que su descomposición será irreversible y que la luz y la armonía también tienen una cara fétida y echada a perder. Aún en la impresión negativa que esas ideas provocan seguro hay algo de sorpresa y asombro: qué terrible y cojonudamente irónico es vivir.
- No entiendo cómo se puede asesinar y al mismo tiempo temer ser asesinado. No comprendo esa terrible incongruencia característica del comportamiento humano, donde el hombre que termina con la vida de alguien -bajo plena conciencia-, teme que también terminen con la suya. ¿Cómo puedes temer a la muerte si no tienes respeto por la vida? Nunca lo comprenderé como algo lógico, prefiero pensar que la lucha por sobrevivir de un asesino es algo meramente instintivo.
- Vivir, en una ridícula definición, es morir en cuenta regresiva.
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